viernes, 11 de noviembre de 2011

Limassol - Larnaca - Roma - Madrid


Madrugón. No podían ser ya las siete y media. Y no lo eran. Despierta empanao, que hoy te vas para casa. Duchita rápida, café instantáneo, un beso a la más guapa del puerto (en inglés los barcos son femeninos) y de camino al aeropuerto. El jefe de máquinas estaba aún más dormido que yo, pero Hecatombe cero tría, la radio amiga, nos fue despertando por el camino.

Facturé sin problemas y mientras me sentaba delante de la puerta de embarque a esperar, descubrí a un grupo de españoles. Dos frases escuchadas me bastaron para deducir que eran gallegos, de Vigo o alrededores y que eran marinos. Me río de Sherlock. Un vistazo al que hablaba me llegó para saber que no sería mi amigo del alma: Polo oficial de Ferrari con el nombre de Alonso, riñonera, volumen de voz más alto de lo necesario y un “¿me entiendes?” para terminar una frase hicieron que me decidiera por hacerme el sueco. Literalmente.

Así que me puse los auriculares y me puse a escuchar como Bebe me contaba que a ella le quedaban siete horas para volver a ver a no sé que quien. Suerte que tienes, colega, a mi me quedan más de once.

Embarqué y perdí el conocimiento, como siempre. Cuando me desperté estaban ya sirviendo el desayuno. Perfecto pensé, estoy muerto de hambre. Cuando vi que me ponían un taper de esos de papel Albal me hice ilusiones de salchichas, beicon y huevos revueltos. Iluso.

Salchicha había sí. Como mi dedo meñique de grande. Y pese a ser de sabor dudoso fue lo mejor. La acompañaban un par de ¿patatas?, un tomate cherry y ¿pastel de queso caliente? Fui  a probar el supuesto pastel y fue entonces cuando las papilas gustativas empezaron a gritar “no por favor”. ¿Huevos? He comido huevos de mil maneras pero La Masa de Huevos Cyprus Airlines era algo nuevo para mí.

La Masa de Huevos (o de los huevos) parece esponjosa por la parte de arriba pero es sólo para ocultar la argamasa super coagulada del interior. Es posible que lleve leche aunque los estudios realizados no han sido concluyentes. Es de color amarillo mareo y sabe…  a Masa de Huevos. Con esa valentía que insufla la curiosidad y el asco le di la vuelta para examinar su oscura base. Resultó estar compuesta por algo que en su día fueron champiñones o setas (hongos en cualquier caso) pero que en ese momento estaban negros como el alma de un banquero. Niños, no os comáis nunca nada negro.

Aún con hambre miré al tomate y él me miró a mí con su único ojo donde un día tuvo una ramita unida. Desafiante, rojo, inmaculado, perfectamente esférico. El triunfo de la ingeniería genética sobre los vegetales pequeños. Hermoso por fuera pero sin sustancia por dentro como una Miss analfabeta. Ya comeré algo en Roma.

Y así hice. Nada más llegar me compré un panino más que aceptable. Siempre se puede confiar en la vieja Italia para comer. Eso sí, por lo que me cobraron, pensé que a parte de toda la mozzarella que traía el bocadillo me iban a dar a la búfala que la parió.

En Roma tuve que hacer la cola de mi vida para pasar por los detectores pero ayer nada me importaba. Me iba a casa. Modo zen. Tranquilo como las aguas en calma. Al final embarcamos diez minutos tarde y llegamos a Madrid con casi 40 de retraso. Iberia haciendo honor a su buen nombre. Esto tampoco me preocupó ya que me aposté conmigo mismo una tonelada de Masa de Huevo a que el siguiente vuelo también sufriría retraso. Apuesta que por supuesto gané.

Ya estaba en España, pero no en casa. “Allá donde se cruzan los caminos. Donde el mar no se puede concebir…” ¿Cómo voy a estar en casa? Pero ya estaba más cerca. Tenía tiempo así que me puse  a escribir esto cuando de repente pasó a mi lado un personaje que es historia viva de España. Una auténtica celebridad. Más famoso que Pinocho. ¡Manolo el del bombo!

Mi buen humor aumentó aún más ¿Siete horas, Bebe? A mí me quedan menos de tres.

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