viernes, 24 de agosto de 2012

It´s a beautiful day


El título iba a ser “cansancio”. Iba a contar que esta temporada se me está haciendo bastante larga. Que hay bastantes más días de aburrimiento que el año pasado. Que estamos navegando mucho menos y viendo menos sitios interesantes. Iba a hablar de las ganas que tengo ya de volver a casa y ver a todo el mundo. Pero hoy no va a ser ese día.

Hoy hemos madrugado y he visto como amanecía dos veces. Primero salió el sol, abrió un ojo y se volvió a meter detrás de una nube baja como un estudiante perezoso. Cinco minutitos más mamá. Peor para él, se perdió unos minutos de un día que ya tan temprano tenía muy buena pinta. Cuando volvió a salir media hora más tarde nosotros ya estábamos de camino.

El mar estaba totalmente en calma. Casi daba pena navegar por él. Era como ir rayando un espejo con la proa del barco. A las diez bajé a desayunar. No me acordaba de que era viernes. Desayuno inglés hipercalórico. No sé si el dinero da la felicidad o no, pero si un desayuno con huevos y bacon no te alegra el día es que tienes un problema grave y deberías consultar a un especialista. Lo de que fuera viernes implicaba también otras cosas. La más importante es que mañana sería sábado. Día libre, fútbol en árabe… mi humor no dejaba de mejorar.

Pero la guinda estaba por llegar. Estábamos cruzando una zona conocida por los avistamientos de ballenas y lo bueno de que el mar esté como un plato es que las puedes ver a la legua. Pues no vimos ni una ni dos. Al mismo tiempo vimos tres grupos de las ballenas más grandes que he visto en mi vida. Y por si fuera poco un par de delfines pensaron que era el momento idóneo para ponerse a dar saltos en la proa. Lástima de no tener la visión periférica de los caballos o las cigalas porque fue imposible admirar todo a la vez. No se recordaba una fiesta de cetáceos tan grande desde que Flipper cumplió los 18.

Llegó la hora de comer y a cuento de que había raya mantuve una conversación muy interesante con el chef sobre pescado. Es sorprendente la internacionalidad de la leyenda urbana-marina sobre las rayas y los pescadores. También le descubrí ese manjar con pinta asquerosa que es la lamprea, de la que hasta ese momento no tenía conocimiento alguno.

Seguimos adelante y el tiempo empeoró un poco. Pero no me importó demasiado. En un par de horas llegaremos a una isla en la que no he estado nunca. Razón más que suficiente para mantener mi estado de buen humor.

Seguramente haya una moraleja en todo esto. Algo así como: “Deja de quejarte y disfruta de las ballenas”.

Mejor que cada uno saque la suya.

1 comentario:

  1. Así me gusta , por algo el apelativo del "optimista". Disfruta de todo lo que te rodea , que aquí no tenemos ballenas y las que hay es mejor no conocerlas.
    fdo. el hombre del traje gris.

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