domingo, 26 de agosto de 2012

Porto Azurraventura (I)


El viernes fondeamos cerca de Porto Azurro, en la costa este de la isla de Elba. Una bonita bahía, pero nada fuera de lo normal. El sábado, día libre, me fui a dar una vuelta por el pueblo. Típico pueblo de la Toscana.  Agradable, turístico y acogedor.  Con una fortaleza construida por los españoles, en la colina más cercana, de la época en la que los españoles teníamos suficiente poderío para ir construyendo fortalezas e iglesias por el mundo adelante.

Y a lo lejos, una montaña con una cruz en su pico.  No sabría decir en qué momento dicha cruz me miró, me llamó o me picó. Quizás no fue la cruz y fue la montaña en sí que tenía cierto aire a la de “Encuentros en la tercera fase”. El caso es que volví a bordo con la idea metida en la cabeza. Mañana tenía que llegar a andando a dicha cruz. Sí o sí.

Y allá fui al día siguiente, domingo, que Dios me perdone. Me puse en modo Calleja pero sin tirarme tanto el rollo y sin molarme tanto a mí mismo. Y sin sherpas. Equipado con mis tenis del Carrefour y mi camiseta blanca de algodón del barco atada a la cabeza. Con mi eterno reloj Casio y con unos pantalones cortos marca Quechua color Camo-gris que me daban un aspecto de explorador intrépido que te cagas. Me faltaba un palo, pero estaba seguro de que conseguiría uno por el camino. Allá fui, digo, a conquistar la montaña.

A las once de la mañana el marinero de guardia me dejó en el puerto. A las once y diez mi plan hacía aguas por todos los lados. No tenía ni pajolera idea de cómo llegar a la susodicha cruz, ya que ni se me ocurrió conseguir un mapa o buscar algo en internet. Pero armado con una voluntad abrumadora que no tengo muy claro de donde salía y de una lógica aplastante por lo simple de la idea, recordé esas palabras que algún profesor me dijo en algún momento de la infancia: El camino más corto entre dos puntos es la línea recta.

Nota: Niños, nunca os fieis de las verdades absolutas. En el mejor de los casos será una verdad relativa cuando no una mentira cochina.

Mañana el desenlace de la expedición, que se me hacía  largo.

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