domingo, 29 de julio de 2012

Costa azul (I)


Semana intensa de trabajo. Un poco más dura de lo normal al ser justo después de las minivacaciones en casa. Por suerte ya está acabando.

Atracamos en Mónaco el martes por la mañana. En poco más de tres horas ya habíamos recibido cuatro o cinco currículums de gente buscando trabajo como marinero. La crisis, podría pensar uno. Pero cuando miras a tu alrededor y ves unos 20 yates de más de 50 metros de eslora uno se plantea si eso de la crisis no será un cuento chino, como la gripe aviar.

Por cierto, menudos currículums. Nosotros somos unos cabronazos  y cuando vayamos al infierno sin pasar por casilla de salida estaremos condenados a vagar por un pantalán infinito cargados con una mochila llena de currúculums de plomo por reírnos cruelmente de la gente. Pero lo siento. Alguien que ha servido bebidas durante una noche en un barco no es un marinero. Un alemán que se crió en una granja de Namibia y que dice que sabe hacer armarios, no es un marinero. Y alguien que ha trabajado dos días en un barco y tres años en una fábrica de chocolate no es un marinero. Aunque si se llamase Willy Wonka lo consideraríamos para el puesto.

En fin. Ya con los dueños y sus amigos a bordo, el segundo oficial tuvo una de esas experiencias rocambolescas que a veces le pasan a uno trabajando en esto. El armador quería retirar 1320 euros de su cuenta. Ni un euro más, ni un euro menos. Y dijo que para eso un cajero no le servía. Apuesto a que al cajero automático hasta le saldrían manos para darle un masaje al hombre sólo con comprobar los datos bancarios de la tarjeta, pero es esa desconexión total con el mundo real lo que hace entrañable a nuestro armador. A veces me recuerda al Señor Burns pidiendo que envíen una carta a Prusia en el autogiro de las doce.

Total, que decidió ir al banco y que el segundo oficial le acompañase. Como quedaba un poco lejos, tenía tres opciones para desplazarse hasta allí: A.- Coger un taxi. Opción más lógica. B.- Pedirle al capitán que alquile el coche que te apetezca utilizar esa mañana. Opción lógica si eres un billonario en Mónaco. C.- Coger el autobús urbano. Opción lógica si eres un muerto de hambre que escogió mal el destino de sus vacaciones.

¿Cuál creéis que escogió nuestro dicharachero armador junto con nuestro sorprendido segundo oficial?

La respuesta mañana, que si no se me hace muy largo.

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