viernes, 20 de julio de 2012

¿Qué hay de nuevo viejo?


Si las cosas en casa cambian muy poco durante cinco meses, las cosas a bordo durante una semana cambian aun menos. Génova me recibió con el cielo encapotado, como cuando me fui y la tripulación me recibió con una sonrisa y un apretón de manos, como cuando me fui.

Semana tranquila en general, me comentaron. Sin noticias de los dueños, lo que siempre es bueno. Tampoco hubo noticias de ningún charter, lo que no es tan bueno.
La sorpresa agradable del día me la encontré al encender el ordenador. Internet a velocidad de persona. Resulta que han conectado un cable a tierra y tenemos una conexión decente. Todo un lujo. Lo malo es que durará sólo mientras estemos aquí. Una razón más para que me guste ese sitio.

El plan (sorprendentemente tenemos uno) es partir el lunes por la tarde hacia Mónaco. Allí recogeremos a los dueños y a doce invitados para una semana intensa de trabajo para nosotros y de no hacer absolutamente nada para ellos. Barco lleno. Después Dios dirá. Agosto sigue siendo la gran incógnita.

Hoy tenemos fiesta-barbacoa organizada a medias por nosotros y la marina y después fin de semana libre. Tiempo de disfrutar de mis sitios favoritos de la ciudad, si la climatología lo permite.

Ya os contaré.


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