martes, 10 de julio de 2012

Más al oeste


Ya estamos de camino a Génova. A las nueve de la mañana de ayer soltábamos amarras y le decíamos adiós con un solo dedo (adivina cual) a la sucia Marina Zeas. Qué alivio. Es un placer navegar de nuevo.

Cruzamos el canal de Corinto ente bromas sobre el peso de nuestras chicas. Que si nos pongáis todas en el mismo costado que el barco escora, que si no vayáis a proa que el motor cavita, que si Paul debería poner su teléfono en el lado contrario para hacer contrapeso…

La primera guardia de la noche siempre se hace larga. El mar estaba un poco movido 
pero con el paso de las horas se fue calmando y el cielo despejó. Un cielo con un millón de estrellas es el mejor techo que se puede tener.

Estábamos justo en el medio y medio del mar Jónico, cuando empezamos a sentir por la radio que nos aproximábamos a Italia. Media hora de gente llamando a Mario con distintos tono de voz y los típicos “filipino monkey” nos amenizaron un rato la noche. Después tuvimos unos veinte minutos de un fulano repitiendo una y otra vez: “Italiano, I can´t see you but I can smell you” con mucho bafanculo y menciones a la putana de su mamma como respuesta.

Hoy tuvimos un tiempo espléndido. El mar como un plato y un montón de avistamientos de fauna marina. Un pez volador verde esmeralda, delfines bailando a proa, atunes saltarines… Me llamó especialmente la atención un grupo de cuatro o cinco delfines con la cabeza blanca. Ya tengo algo que buscar en internet.

En definitiva, las últimas veinticuatro horas han sido de esas que te hacen recordar por qué te dedicas a esto. Un buen día. Ahora mismo, ya con la bandera italiana de cortesía puesta, nos aproximamos al estrecho de Messina. Bonito paisaje para sentarse a leer algo en la cubierta superior mientras intento difuminar un poco el moreno marinero.

Después, rumbo norte.

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